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Nacido de una mazorca, en lo alto del cerro de La Ceiba.

jueves, 10 de febrero de 2011

Donde fueron el "Poncho Verde" y la Dignidad.

Después de una ducha todo se ve más claro, hasta en la más oscura noche, en el silencio de La Llajta. Vivo en un valle, un inmenso valle, a 2.500 m de altura y completamente rodeado de montañas mucho más altas, que le rascan la barriga a las nubes cuando pasan. Bueno, rascar rascan las montañas del norte, porque las del sur les hacen cosquillas y, al reírse las nubes, llueve. No me preguntéis porqué. Todos los científicos lo confirman.

Pero parece que no tienen muchas ganas de reírse este año las nubes. No sé qué es exactamente lo que no les hace gracia, pero por lo visto cada año están más tristes y ni siquiera lloran. Cada año ríen menos pasando inmutables con el rostro serio y menos carcajadas de las nubes caen en el valle. Este valle fue próspero, ¡el granero de los Incas lo llamaban! y ahorita... Seco, de a poco, se va quedando.

Dicen que es el cambio climático, que cada vez hace más calor y que por eso llueve menos cada día y se secan las fuentes. Será. Yo digo que haber pelado al cero todos los cerros seguro que tiene algo que ver. Utilizando un símil de Jaime Huanca, los montes han perdido su "poncho verde", su sombrero de bosque y dejan que se vayan las risas de las nubes, resbalando rápido, despeñándose por los barrancos y arrastrando consigo el suelo fértil, tierra que no volverá. La Pacha Mama se va. Despeinando las cosechas, inundando de lo que fueron alegrías en los cielos, las penas del campesino a las faldas de la desponchada montaña de lomo marrón. La Pacha Mama lloró.



Arriba no queda agua, no quedan risas, no queda alegría en el suelo. Abajo nada queda, por encima del nivel del agua. Puro desastre. Y todo por un poncho. Por ir tirando sin control de su hilo de madera.

Pero esto es donde alguna vez hubo bosque, donde la tierra fue fértil al menos una vez. Porque hay otros lugares donde nunca creció demasiado. Donde los Andes. Donde el poncho siempre les vino corto a las grandes montañas andinas, que enseñaban el ombligo. Donde algunos se han refugiado siempre huyendo del invasor, ya fuera inca o español, hacia las tierras que nadie quería. Donde nada crece, arribita. ¡Más arriba! Donde los picos son tan escarpados que no acarician, arañan y no llueve, graniza. Y el sol está tan cerca que abrasa y cuando se va, se va tan lejos que hiela. Donde la tierra necesita siete años de barbecho para poder dar algo. Donde las llamas, el polvo, la papa y el chuño.
  

Allá, en la zona andina, si es dura la vida. Siempre que uno analiza cómo se podrían mejorar las condiciones de sus habitantes, encuentra tantas trabas, tantas con las que nada puede hacerse, que se acaba preguntando ¿Porqué carajo vive nadie allí? Pues quizás en un tiempo por no tener más remedio, huyendo a las tierras altas de unos y de otros, donde ya nadie les persiguiera. Pero hoy día, porque esa tierra, yerma, ardiendo y fría, es suya, como lo fue de sus abuelos. La tierra es sagrada. También es lo único que fue siempre suyo y nunca les fue arrebatado, de la gente originaria del lugar, a los que llaman indígenas, a los que ni la dignidad les respetó la historia. Y porque es todo lo que tienen. Su tierra y ahora, de nuevo, con eso del Evo, su dignidad.


Porque muchos criticarán a Evo, dentro (normalmente con razón) y fuera del país (habitualmente sin ella). Pero Evo en realidad no es nada. Evo es solo una figura, la cara visible de un verdadero movimiento campesino. De campesinos indígenas, con doble adjetivo y por ellos doblemente castigados por los que siempre mandaron. El movimiento que representa Evo le ha devuelto la dignidad al campesino, que es amplia mayoría en el país. Después de cientos de años la gente puede sentirse orgullosa de nuevo de ser quien es. Hablar la lengua que habla, vestir como viste y que nadie le haga avergonzarse por ello. Tiene la libertad de ver el mundo como cree y ya nadie le va a poder pasar por encima por eso. 

Está bien, dignos ¿y ahora qué?

martes, 11 de enero de 2011

¡Al camino!

A Cochabamba me voy, a Cochabamba señores, cantarán los ruiseñores, a Co-cha-bam-ba me voy.” Así cantaba Víctor Jara con los Quilapayún allá por finales de los 60 (hay que escuchar la letra entera, no tiene desperdicio, “ratatatá”). Y así canté yo desde la madrugada en mi habita haciendo la maleta y preguntándome como seria esta, para mí, nueva ciudad, hasta el aterrizaje y recogida de equipaje, ya en tierras bolivianas.
Y es que ¡ya estoy en Cochabamba! Ya estoy en Bolivia pues. Y la travesía, como de costumbre, tuvo su aquel. Pese a que esta vez no hubo retrasos ni cancelaciones, volar 11 horas con AeroSur es una experiencia muy poco recomendable, sobre todo si no llevas un par de bocatas de jamón serrano en el equipaje de mano. ¡Qué hambre por Dios! Ya lo decía aquel, “Cuando empecemos a llamar a los pilotos chóferes, a los controladores aéreos guardias y a las azafatas camareras, se acabarán todos los problemas de la aviación”. Cuanta razón en tan pocas palabras. Vaya señoras más estiradas, vaya humos. En las once horas repartieron una bandejita de esas de papel de plata con una comida medio mala y escasa y media. Seis horas más tarde, una galleta. Os lo juro, una. Y durante el resto del tiempo las camareras se dedicaron a esconderse detrás de las cortinas cotorreando y poniendo mala cara a quien interrumpiera para pedirles un vasito de agua. Unas joyas.
Pero bueno, aterrizamos en el Viru Viru, aeropuerto internacional de Santa Cruz, dispuesto yo a comerme una vaca. El piloto dijo por megafonía que la temperatura local era de 31 ºC. Ovación cerrada del pasaje. Pasando el  finger, calor y humedad. Cola para el descontrol de pasaportes, nadie me pide los papeles de la aduana, todo un relajo. Y saliendo escupido del mogollón formado frente a la ventanilla del oficial de fronteras (si, si, todo puro orden) me encuentro delante de una puerta tras la cual sólo cabezas se veían. ¡Qué recibimiento!
Cientos de persona, en serio, cientos, apelotonadas, estrechando el pasillo de salida. Cantidad de niños en el suelo, pancartas de bienvenida… Un espectáculo. Parecía claro que se había corrido la voz de que El Niño Maíz hacía escala en Santa Cruz y la mitad de la región amazónica fue a recibirle. Pues no. Salí al tumulto con aires de estrella de cine dispuesto a darme un baño de multitudes. La gente me saludaba y yo, gentil, respondía con un ademán de mano y una sonrisa, las señoras comentaban mi despeinado y los niños me guiaban en el camino “¡por ahí no gringuito!”. Pero acabé el recorrido y la gente continuó indiferente. No entendía nada.
Y es que resulta que coincidiendo con las fechas del viaje acontecía una tradición del mundo cristiano en la que la gente tiene la costumbre de reencontrarse con su familia. Lo llaman Navidad. Y allí estaban las familias de 400 bolivianos esperando los regalos que desde Madrid traían personalmente sus allegados. Vamos, que sensación sí que provoqué, pero no la que esperaba. No menos de cinco señoras comentaron mi moño y pocos fueron los que no sonrieron, por no decir que se partieron el culo, al verme. Un cachondeo.
Paso el control de inseguridad, me clavo dos hamburguesas frías y me hecho a dormir a lo largo de tres sillas con el aire acondicionado y un espantoso volumen en los televisores. Ya en pleno sueño, horas después, un tío de traje me dice que me tengo que pirar de ahí que no pagué la tasa de aeropuerto, que me había colado y no sé qué. Pues vale. Vuelvo al calor, veo amanecer y un par de colas después y el bocadillo más pequeño que he visto en mi vida (el apelativo “pulguita” le quedaba grande) también de AeroSur, por supuesto, ¡Cochabamba! Por el camino y por la ventanilla se puede ver como de la plana amazonia el terreno se va escarpando hasta llegar al valle altiplánico de destino, previo a la zona andina ya a más de 2.500 m de altitud. Una maravilla.
Y aquí llevo ya dos semanas (por Dios que pendejo, como me tardo en escribir)en El Granero de los Incas, que es como llaman a Cocha, en un clima que es una especie de primavera exagerada. Conociendo a los compañeros de la contraparte, Mosoj Causay, disfrutando de la temperatura, trabajando bastante y aprendiendo costumbres y los nombres de las cosas. Los baretos, por ejemplo, son boliches, los melocotones duraznos, la cerveza oficial es la Huari, el pimiento picante no es un chile o un jalapeño es locoto, cualquier salsa que pique (todas) es una yajua, el pique un plato de carne y por si todo esto pudiera parecer lioso la gente en el campo habla en Quechua. Pero lo peor no es eso. Lo peor es… que aquí no soy El Niño Maíz, soy El Niño Choclo.
Estoy sufriendo una crisis de identidad. ¡Qué lío!

martes, 18 de mayo de 2010

En Morazán

Un fin de semana de estos fui con el compañero Álvaro (hoy ya de camino a Bolívia y por tierra) a Morazán, una de las regiones más castigadas por la guerra civil salvadoreña (1980-1992). Concretamente nos dirigimos a Perquín, donde se encuentra el Museo de la Revolución gestionado únicamente por exguerrilleros. El pueblo es 7 veces más pequeño que Mancor de la Vall, por lo menos, pero bien bonito y con mucha vida. En el museo, además de ver fotografías escalofriantes (y no por sádicas), oír comentarios conmovedores e historias de guerrilla contadas por los propios excombatientes y poder tocar todo tipo de armas, desde minas caseras al mítico AK-47 pasando por morteros, antiaéreos, aviones derribados o un M-16 de los gringos. Además de todo eso, se encontraba allí la Radio Venceremos.

"Transmite, Radio Venceremos, voz oficial del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, emitiendo su señal guerrillera, desde El Salvador, centroamérica, territorio en combate contra la opresión y el imperialismo"

Con esta locución daba comienzo a diario la Radio Venceremos que fue la emisora del FMLN durante la guerra y supuso un elemento clave en el conflicto, por extraño que pueda parecer. Durante esos años, los que apoyaban al frente lo hacían con total secretismo, llevando y trayendo armas o explosivos a uno u otro lugar sin conocer de la estructura revolucionaria más que a su contacto y un par de santo y señas. Amigos de toda la vida colaboraban con la guerrilla sin decirse ni saber nada el uno del otro. Hasta que se iban al monte a agarrar el fusil. En esos tiempos, la radio fue un elemento desequilibrante para la guerrilla pues informaba de los golpes que iba dando en los diferentes puntos del país, haciendo crecer más y más los ánimos de revolución entre la población, aumentando más y más las filas guerrilleras en las montañas.
 
Presuntos guerrilleros (hoy llamados terroristas) 
retransmitiendo desde la clandestinidad.

Tal fue la relevancia de la emisora que se convirtió en objetivo militar. El coronel Domingo Monterrosa, ávido por conseguir un ascenso, se propuso capturar a toda costa la Radio Venceremos que, como el resto de la guerrilla, vagaba por las montañas emitiendo entre bosques y cuevas. El Frente supo de ello y decidió aprovecharse.

Un buen día llego a oídos del coronel que la Radio Venceremos había aparecido abandonada en un valle en los bosques de Morazán, habiéndola dejado la guerrilla seguramente durante una persecución. Monterrosa se dirigió de inmediato en helicóptero hacia el lugar y comprobó que así era; el aparato transmisor allí se encontraba, así que subieron tan preciado tesoro a la aeronave y emprendió el vuelo. Y voló, voló, hasta que voló por los aires helicóptero, tripulación, el sonriente coronel Monterrosa y la carga explosiva accionada a distancia que contenía la supuesta Radio Venceremos dejada allí por el Frente.Y no, no os quedéis con mal sabor de boca, ni con lástima, ni con pena. Pena dan otras cosas que hizo precisamente este tal Domingo Monterrosa.

Al día siguiente visitamos una comunidad cercana a Perquín donde aconteció la mayor masacre de civiles de todo el conflicto. Allí se puede contemplar un monumento a las 1.200 víctimas de la matanza con los nombre de los identificados, el patio de los inocentes, en memoria de los más de 200 niños que allí fueron asesinados y la tumba de la única superviviente de tal barbarie que murió hace ahora 4 años, Rufina Amaya.


Desde el 10 de Diciembre el batallón Atlacatl del ejército salvadoreño, a cargo del famoso Monterrosa, comenzó a reunir a la gente de las comunidades de alrededor en la de El Mozote con el pretexto de que esa era zona de guerrilleros y solo allí la población civil estaría a salvo. El día 11 interrogaron a todos y a la noche dieron el toque de queda con la advertencia de que dispararían contra cualquiera que vagara por la calle. El día 12 de Diciembre de 1981, si, no estamos hablando de la prehistoria, nuestro querido coronel Domingo Monterrosa, fiel a las técnicas del ejército de Tierra Arrasada, mandó ejecutar a todo el que allí se encontrara. Primero torturaron, mutilaron y fusilaron a los hombres, luego a las mujeres y por último a los niños, que ya habían visto todo, tirándolos por el aire hasta que caían sobre las bayonetas de los fusiles de asalto. ¿Qué cómo se los detalles? Por Rufina, que se salvó del tiro de gracia y pudo huir del lugar tras ver como mataban a su marido y 4 hijos. Durante 7 días vagó como alma en pena por las montañas escondiéndose de los militares hasta que se encontró con gente que la ayudará, pues durante los días siguientes a la masacre de El Mozote, las comunidades de los aledaños fueron también arrasadas. La quema de las poblaciones de los aledaños y los asesinatos de sus pobladores si están documentados gráficamente. A El Mozote nadie podía acercarse.

Desde ese día, Rufina Ayala, dedicó el resto de su vida a conseguir que este hecho se supiera difundiéndolo con todo detalle en todos los medios que quisieran escucharla y, hasta el día de su muerte, explicándolo en primera persona a todo el que quisiera acercarse al monumento de tan chiquito pueblo de las montañas del Norte de El Salvador. Que menos que hacerle un poco de eco.

lunes, 19 de abril de 2010

Un día más y otro.

Sin tiempo para parar a pensar. Si como dijo Einsten, por el hecho de estar en movimiento el tiempo va más despacio y uno envejece menos, yo me voy a quedar en mis 25 para siempre. Entre semana arriba a las 6.30, revuelto de huevos, tortillas de maíz, frijoles. Unos kilometrillos en la pick up hasta la comunidad de turno. Entrevista, risas, compartir, curiosear y aprender. Gallinas que corretean, sombreros de guajiro, palos de mango, cien caras y doscientos ojos. Luego a caminar, entre 5 y 20 kilómetros al día, unos días son más duros que otros. Por medio de selva o por un erial post-milpa, no hay término medio. Por ríos, quebradas, fuentes que brotan de la piedra, lodazales. Tremenda flora, comer de lo que se encuentra por la selva, frutos de cien colores, mil formas, dos mil sabores. Menuda fauna, culebras, iguanas, tarántula en mi rodilla, cascabeles, alacranes y zancudos, muchos zancudos, de todas las variedades. Siempre en la montaña, loma arriba, loma abajo y al llegar a casa un baño en la playa de La Perla. Pacífico ritmo de las olas, cuidado de no irse para dentro que no regresas. Tortilla de maíz, frijol, guineo frito. Tocarle al viento y a la hamaca, a escuchar al campo como me canta una nana, meciéndome, hasta que caigo rendido.

¿Y en fin de semana? Caminar, siempre caminar. Museos, un volcán con laguna hirviendo, verde, de azufre. Un lago en un antiguo cráter. Ruinas Olmecas, Mayas, búsqueda del Nagual, pupusas. Más risas, Flor de Caña, Pielsener, salsa, bachata y reaguetón. Ni tiempo para la goma. La Piedra Mango. Tacos y frijoles en tequila. “Jesús vive. Y va en este carro” reza la pegatina en el parabrisas del 4x4. Inaugurando el sistema de agua de Tilapa, emoción por escuchar una voz pasada en un cuerpo arrugado y tierno. Revolución, historia, libros, muchos libros y ni tiempo para leerlos. Siempre caminando. Frijoles y maíz. Siempre activo. Siempre tranquilo.

                        Vista del volcán Izalco.                           
   Laguna sulfurosa en el cráter del Santa Ana 
Cascada seca en Chichicastenango.
Lago Coatepeque, en un cráter bien antiguo.

domingo, 18 de abril de 2010

Soluciones a ¿Donde está el Niño Maíz?


Bueno chicas y chicos, estas son las respuestas al juego que os propuse en el anterior post (si no has visto “¿Dónde está El Niño Maíz?” deja de leer y pasa la siguiente entrada). Estas son las coordenadas de los tres lugares en los que ha sido avistado El Niño Maíz durante las vacaciones de Semana Santa. Se mueve rápido pero no es peligroso. Solo es un graciosillo, no hay que temer. ¡Ahí van!

Fotos 1, 2 y 3: Volcán Pacaya. Latitud 14°22'54.17"N Longitud 90°36'6.81"O
Fotos 4, 5 y 6: Tikal. Latitud 17°13'15.07"N Longitud 89°36'43.02"O
Fotos 7,8 y 9: Cayo Tobacco. Latitud 16°53'4.20"N Longitud 88° 6'25.66"O


sábado, 10 de abril de 2010

¿Dónde está El Niño Maíz?



En esta nueva entrega de las historias de El Niño Maíz os voy a proponer un juego. Un juego inspirado en esos libros de ilustraciones lleeeeenas llenitas de gente en las que uno tenía que buscar entre la multitud en medio de historietas graciosísimas en los espacios y tiempos más recónditos que uno pueda imaginar, a un personajillo de gorro de lana, calcetines y camiseta a rayas rojiblancas, pantalón azul, gafas de pasta y bastón marrón. Si, así es, inspirado en Wally. ¿Dónde está Wally?
Por cierto que donde se habrá metido porque hace tiempo que no sé nada de él, no se vosotros. Capaz que ande de juicios con el Atlético de Madrid y la familia Gil por los derechos de merchandising de la camiseta. Tal vez se perdió  confundido en una manifestación de UGT, CCOO y el PSOE. O quizás, ojalá, se nos haya perdido ya en un lugar donde nadie pueda encontrarle y esté agustito con su adorable perro Woof royendo  su hueso y de eterna luna de miel con Wenda, su novia como todo el mundo sabe ¡ya alejados de tanta gente que andaba siempre buscándolos! Tantos ojos detrás de cada paso que daba ¿te imaginas? ¡Buff! Que estrés.
Bueno, pero en este juego no nos preocuparemos de donde está Wally sino de  ”¿Dónde está El Niño Maíz?” Y el donde es un doble donde, pues habréis de hallarlo en la imagen (si, sé que será bien difícil pero confío en vuestra innata y basta capacidad de observación) y acto seguido descubrir en que punto de la tierra está tomada esa imagen. Me apuntáis las respuestas, quejas y sugerencias en los comentarios. Se aceptan respuestas en formato coordenadas cartesianas para frikis del GoogleEarth, de la misma manera colgaré las soluciones en unos días. Son nueve imágenes en tres lugares distintos de dos países diferentes y os aseguro que El Niño Maíz aparece en todas ellas. Palabra de El Niño Maíz.
¡A buscar!

viernes, 26 de marzo de 2010

Crónicas Pecerríles

Hace ya cosa de un mes empezaron a llegar los PCRs (como nos llaman a los participantes del Programa de Conocimiento de la Realidad) a la sede de ESF en El Salvador. Los primeros en llegar fueron un tal Álvaro, un geólogo riojano descendiente de moradores de la ilustrísima villa de Ventrosa de la Sierra, y Sebas, un agrónomo de Alfarràs más de campo que las amapolas. El Hombre Tranquilo. Más adelante dos ingenieros más, industrial e informático, David y Gerard, Zipi y Zape, procedentes de Barna capital. El último en llegar fue un aparejador mallorquín de la sede de Baleares, el quinto elemento, menudo elemento. El Niño Maíz.

Así como llegaban se les fue asignando a las diferentes contrapartes y tareas de ESF. Álvaro partió a trabajar con ADES el departamento de Cabañas (donde hay un gran conflicto con una empresa extractora de minerales, oro en este caso). El Hombre Tranquilo fue destinado a la capital de La Paz, Zacatecoluca, a colaborar con Madre Cría, la más reciente contraparte de ESF por estos lares. Los otros tres ingenieros sin fronteras y sinvergüenzas, están en Zaragoza, departamento de La Libertad, colaborando con ACUA.
Pese a lo variopinto de sus destinos la labor de todos es común: apoyar en el levantamiento de datos para El Plan Director, un estudio sobre el estado del agua y sus cuencas hidrográficas en cada zona. Bueno, El Niño Maíz, cuando funciona la batería de la estación total, también está con algún topográfico por ahí por Cuyanigua, lugar cercano a algún punto de caliente de la tierra, por no decir del infierno, seguro.
La planificación de cada contraparte para los levantamientos es diferente pero el día a día de todos es similar. Por la mañana prontito van hacia el campo, al caserío de turno, a entrevistarse con la comunidad, si es el levantamiento social, o a recorrer todos sus alrededores para localizar y describir sus fuentes, si es el técnico. En ocasiones, cuando el tiempo lo permite, se hacen los dos levantamientos, uno a la mañana y otro a la tarde. Esos días si duermen a gusto los PCRs.
Así, por regla general, a no ser que alguno de ellos vaya a visitar las sede de la contraparte donde trabaja alguno de los otros, es el viernes cuando se reencuentran en San Salvador y comentan la semana. Platican, siempre tranquilos, y hacen alguna salida a conocer el país, su historia, su gente, su gastronomía, su cerveza y naturaleza. En algunas de estas ocasiones, como andan un poco perdidos los zagales, papá y mamá, Quique y Cristina, responsables de diferentes áreas aquí en ESF, los sacan de paseo. Hace un par de semanas (un par mallorquín) los sacaron a dar una vuelta por el centro, con El Hombre Tranquilo en el maletero, pues éramos 7, sin decir ni mu, explicándoles capítulos de la historia del país en los lugares donde sucedieron.
Se empezó en el Parque Cuscatlán, donde un mural hace un recorrido por el siglo XX, pura represión, pura sangre. Desde la matanza de indios de principios de siglo (de los pocos que habían dejado los españoles) hasta los acuerdos de paz de 1992 que terminaron con la guerra civil de 12 años. Seguido, en un mural, se pueden leer los nombres y apellidos de cerca de 30.000 civiles cuya muerte o desaparición durante la guerra ha sido documentada. Se calcula que son solo la mitad del total. Es el Monumento a La Memoria y La Verdad, que solo ha sido posible cuando ha entrado en el gobierno el FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional).

Pero como toda la historia es mucha, como muchos han sido los exterminios masivos, os contaré hoy un pedacito del cuento de pocas o ninguna hada, desde una masacre a otra. De la del 32 a la del 80.
Desde 1876, ya siendo República de El Salvador, Rafael Zaldívar, jefe de estado, elimina las tierras comunales otorgándole la propiedad de la tierra a unos pocos terratenientes que pasaron a dominar el país con sus monocultivos de café, principal y casi única actividad económica durante mucho, mucho tiempo. Esto produjo un gran malestar en los sectores más pobres de la sociedad entre ellos los indígenas. En 1932, ya creado el Partido Comunista de El Salvador (PCS en 1930) se formó una revuelta indígena apoyada por este. Esta insurrección fue aplastada antes de que se produjera. Se asesinó a entre 20.000 y 30.000 personas, la gran mayoría indígenas, ahorcando a los principales líderes de la misma y fusilaron a Farabundo Martí, todo obra del militar Maximiliano Hernández Martínez, el que mandaba por entonces. Un fenómeno el Maxi.
Durante los siguientes años se fueron sucediendo gobiernos militares que reprimían cualquier protesta del pueblo por reclamar sus derechos fundamentales (comer, charlar, vivir como tus abuelos quechuas o pilpiles si te apetece…). Solo durante la década de los 50 se sucedieron un par de gobiernos liberales que duraron lo mismo que la bonanza económica del país producida por los altos precios del café. Luego, fraudes electorales, prohibición del PCS y más represión que se recrudeció aún más en los 70. En este chiquito país se perseguía también al monstruo comeniños del comunismo, como en el resto del mundo, en eso que se llama La Guerra Fría, siempre con el apoyo de los EEUU, omnipresente en asuntos de poder en Centroamérica, como en tantos otros lugares.
A finales de los 70, el entonces obispo de San Salvador, Monseñor Óscar Romero, se decantó por el bando del pueblo, de defender sus derechos básicos, siguiendo el evangelio de Jesús y no el de la Santa Iglesia de El Vaticano, dentro de lo que se llama la Teología de la Liberación, la que ha sido llamada como la corriente revolucionaria del cristianismo. Monseñor, “San Romero de América”, fue visto como un enemigo por el gobierno militar de turno por apoyar el mismo ideario que los grupos revolucionarios que se creaban en la época para derrocarlo. Estaba cantado que lo iban a pelar. Ya el mismo Monseñor lo sabía por aquel entonces. En sus homilías se podían escuchar frases que se han hecho míticas como “Si muero, resucitaré en el pueblo”.
Y murió.
Asesinado a sangre fría en el altar durante una misa en la capilla de La Divina Providencia en una operación militar dirigida por Roberto d’Aubuisson que justo después del magnicidio fundaría el partido ultraconservador ARENA, partido que ha gobernado el país los últimos 18 años. Vaya tela.
Y resucitó en el pueblo. Dándole fuerzas para unirse contra el opresor.
Oscar Anaulfo Romero fue asesinado el día 24 de Marzo de 1980. Ahora se cumple el 30 aniversario de su muerte. Este sábado, los PCRs y sus papis, fuimos a su vigilia en la plaza frente a la catedral de San Salvador donde está enterrado el padre. Un acto en el que obispos de varios puntos del mundo, sobre todo de América latina, se reúnen para hacer una misa en su honor, pero no una misa cualquiera. Durante la misa se leyeron cartas de diferentes defensores de la Teología de la Liberación reclamando lo mismo que reclaman los sectores más liberales de la sociedad mundial, igualdad de género, protección del medio ambiente, reparto de la riqueza… Y a esto le siguieron unos cuantos conciertos de músicos del folklore latinoamericano, rollo canción protesta, muy buenos. Espectacular lo auténtico del sonido del teclado mal tocado de Los Norteñitos. Sin palabras. En fin, hasta el amanecer con Monseñor Romero.

Solo como curiosidad. Justo cuando los curas de América latina se unieron alrededor de la Teología de la Liberación, como por casualidad, desde EEUU empezaron a llegar misiones de la iglesia evangélica a convertir a todo el mundo con sus misas musicales. Si es que os parece casualidad.
El asesinato de Romero junto con la masacre del Río Sumpul en la que murieron más de 600 civiles a manos de los ejércitos de Honduras y El Salvador que los rodeaban mientras huían cruzando el río, fueron la gota que colmó el vaso de la represión sangrienta sufrida durante tantos años por el pueblo salvadoreño. La gota que colmó la paciencia y dio fuerzas a todos los grupos revolucionarios del momento. Los cinco principales se unieron bajo el nombre del FMLN, en honor a ese comunista ahorcado a principios de siglo, la guerrilla que batalló por 12 años hasta conseguir la victoria del pueblo.
Durante el multitudinario funeral de Óscar Romero en una abarrotada plaza de la catedral donde acudieron líderes religiosos de toda América latina y líderes de las facciones revolucionarias del país, miembros de la guardia nacional apostados en las azoteas de los edificios que envuelven la plaza comenzaron a disparar contra el público presente en uno de los actos más crueles y despreciables que se conocen. Que se conocen y que se pueden ver en youtube.


El terror, los gritos, los disparos, se apoderaron de la plaza y de su gente formando montoneras de personas huyendo despavoridas, heridos, cadáveres.
En esa plaza terminó el recorrido. Esa plaza frente a la catedral que tanto dolor y miedo acogió, recibiendo odio y exterminio desde los antepechos de las fachadas de los edificios colindantes. Sobrecoge. Conmueve, de verdad. Si uno se queda calladito, ahí, aún en medio del bullicio diurno del mercado, se siente el miedo del pueblo. Se sienten los llantos todavía.
Romero vive, la lucha sigue.
Y ahorita me voy para Guatemala, ya os contaré.