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Nacido de una mazorca, en lo alto del cerro de La Ceiba.

domingo, 14 de marzo de 2010

Sansívar

Se cumplen dos semanas de la llegada y ya estoy inmerso en el país y en el trabajo.

El Salvador es un país tranquilo, con unos precios altísimos para el poder adquisitivo de la gente, con muchas armas, con una historia que hiela la sangre, con muchos referentes gringos. En San Salvador hay mogollón de comercios de comida rápida, los que tenemos allá y algunos más como “El Pollo Campero”, me encanta el nombre. Pero es que además, en los comedores normales y corrientes donde vamos a casi a diario la gente llana todo está montado a lo yanqui: bandejita y self service, chicas con cofia y delantal que te sirven la comida y un mobiliario y decoración muy macdonalescos. Esto aunque el restaurante se llame “El comedor de Lilly” y esté perdido de la mano de Dios. Por poner algún otro ejemplo, el país sufrió hace unos años la dolarización, por lo que ya no existen los Colonos la moneda propia, ni ninguna manera de regular los mercados internos. A San Salvador lo llaman Sansívar y a la moneda de 25 centavos, cora. Ambas expresiones vienen de la pronunciación en gringo de “Saint Savior” y “quarter” por cuarto de dólar. Flipa.

El trabajo es genial. La contraparte con la que estoy se llama ACUA y el curro trata de hacer un “plan director” del estado del abastecimiento de agua en una determinada área. Este año tocan los municipios de Teotepeque y Jicalapa y con ellos ya se tendrá la totalidad del departamento de La Libertad. Lo que hacemos es concertar una reunión con todas y cada una de las comunidades que están desperdigadas por la montaña y se les pregunta cantidad de cosas para poder hacerse una idea de la socioeconomía del lugar. Luego se visita el sistema de agua en caso de existir (bien poquitos casos) y además se visitan todas las fuentes, pozos o manantiales en las inmediaciones que pudieran servir para abastecer a la comunidad. Un pateo.

Escuchar a gente que tiene la experiencia vital que tiene esta gente es fascinante. Imagínate que para tener agua en casa (para beber, para lavarte a ti, a tus dientes, para cocinar), tienes que ir al manantial, a 15 minutos de camino de montaña, cargar el cántaro de 40 o 50 litros y volver cargado otros 15 minutos. Así una media de dos cantaros por persona con la que convivas hoy día. Imagina además que cuando llegas a la fuente, como es la única, hay medio pueblo esperando para llenar sus recipientes con ese chorro diminuto, así que te toca esperar. Siendo 5 en casa y ayudándote tu hermana pequeña, tardarías un mínimo de tres horas. Ahora te bañas, te vistes y te vas a clase, o al trabajo, a ver que tal te sienta. ¡Ah! Y si te toca ir al instituto igual tienes una hora y media de camino a pata. Tremenda fuerza. Yo en su lugar no tendría el graduado escolar y seguramente me hubiera muerto ya de sed o de alguna enfermedad por no bañarme lo suficiente. ¿Y tú? Y eso que sin tener en cuenta el tipo de alimentación, las condiciones familiares o el resto de la rutina diaria, que telita.

Las dos próximas semanas iré a vivir a una de esas comunidades para hacer un topográfico de la zona, ya os contaré.

A todo esto ya me han pasado algunas calamidades típicas de mi inconsciencia crónica combinada con la idiosincrasia del lugar. La primera semana me puse a jugar a fútbol con los chavales en el patio de su escuela. Descalzo para no romperme las chanclas. Si, muy listo. A mediodía el hormigón de la cancha estaba calentito, tanto así que me salieron una pequeñas ampollas en ambos pies. La semana siguiente, de dormir en un sitio precioso, amanecí con tres garrapatas en mi body. Estoy aprendiendo un montón de primeros auxilios y remedios tradicionales. ¡Ah! También me he pasado algunos días con un dolor de cabeza que casi no me dejaba ni caminar, fruto de la insolación imagino. Lo típico.

A parte de eso, no os penséis que todo son calamidades. Esto es genial. Además de que los fines de semana uno se va a bañar al Pacífico, a bailar ritmos latinos o reague a baretos de la capital o visitar templos mayas, pueblos coloniales o volcanes. Pero eso ya os lo contaré otro día.

4 comentarios:

  1. Juanan! me encantan tus relatos... la foto del pie? igggss... :-S Me alegro que el trabajo bien, era un punto importante.
    Me acuerdo de ti muchas veces, sigue escribiéndonos, a ver cómo te las apañas esas dos semanas yendo a por el agua con tu cántaro... seguro que alguna mañana te escaqueas de la ducha jejeje :-P
    Muchos besos!

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  2. por fin los cuentos de nuestro salvadoreño! vivaaa! la foto de tu pie es asquierosa :)
    te queremos mucho!ponte protector solar y manda mogollones de fotos :) ciaooooo

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  3. El sombreeeero, que no se te olvide (consejos de un calvo).
    Menos mal que no enfocaste bien en la foto de la ampollaaaargh!
    contra las garrapatas hay un remedio casero:
    Necesitarás pimienta. Tienes que hacer un círculo de piedras alrededor del sitio donde vayas a dormir. Alrededor del círculo de piedras, otro círculo con la pimienta, y te metes a dormir. Las garrapatas, atraídas por tu body serrano, intentarán acercarse, pero al atravesar el círculo de pimienta, estornudarán, dándose con la cabeza contra las piedras (papaaam!), y quedan muertas.

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