Un fin de semana de estos fui con el compañero Álvaro (hoy ya de camino a Bolívia y por tierra) a Morazán, una de las regiones más castigadas por la guerra civil salvadoreña (1980-1992). Concretamente nos dirigimos a Perquín, donde se encuentra el Museo de la Revolución gestionado únicamente por exguerrilleros. El pueblo es 7 veces más pequeño que Mancor de la Vall, por lo menos, pero bien bonito y con mucha vida. En el museo, además de ver fotografías escalofriantes (y no por sádicas), oír comentarios conmovedores e historias de guerrilla contadas por los propios excombatientes y poder tocar todo tipo de armas, desde minas caseras al mítico AK-47 pasando por morteros, antiaéreos, aviones derribados o un M-16 de los gringos. Además de todo eso, se encontraba allí la Radio Venceremos.
"Transmite, Radio Venceremos, voz oficial del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, emitiendo su señal guerrillera, desde El Salvador, centroamérica, territorio en combate contra la opresión y el imperialismo"
Con esta locución daba comienzo a diario la Radio Venceremos que fue la emisora del FMLN durante la guerra y supuso un elemento clave en el conflicto, por extraño que pueda parecer. Durante esos años, los que apoyaban al frente lo hacían con total secretismo, llevando y trayendo armas o explosivos a uno u otro lugar sin conocer de la estructura revolucionaria más que a su contacto y un par de santo y señas. Amigos de toda la vida colaboraban con la guerrilla sin decirse ni saber nada el uno del otro. Hasta que se iban al monte a agarrar el fusil. En esos tiempos, la radio fue un elemento desequilibrante para la guerrilla pues informaba de los golpes que iba dando en los diferentes puntos del país, haciendo crecer más y más los ánimos de revolución entre la población, aumentando más y más las filas guerrilleras en las montañas.
Presuntos guerrilleros (hoy llamados terroristas)
retransmitiendo desde la clandestinidad.
Tal fue la relevancia de la emisora que se convirtió en objetivo militar. El coronel Domingo Monterrosa, ávido por conseguir un ascenso, se propuso capturar a toda costa la Radio Venceremos que, como el resto de la guerrilla, vagaba por las montañas emitiendo entre bosques y cuevas. El Frente supo de ello y decidió aprovecharse.
Un buen día llego a oídos del coronel que la Radio Venceremos había aparecido abandonada en un valle en los bosques de Morazán, habiéndola dejado la guerrilla seguramente durante una persecución. Monterrosa se dirigió de inmediato en helicóptero hacia el lugar y comprobó que así era; el aparato transmisor allí se encontraba, así que subieron tan preciado tesoro a la aeronave y emprendió el vuelo. Y voló, voló, hasta que voló por los aires helicóptero, tripulación, el sonriente coronel Monterrosa y la carga explosiva accionada a distancia que contenía la supuesta Radio Venceremos dejada allí por el Frente.Y no, no os quedéis con mal sabor de boca, ni con lástima, ni con pena. Pena dan otras cosas que hizo precisamente este tal Domingo Monterrosa.
Al día siguiente visitamos una comunidad cercana a Perquín donde aconteció la mayor masacre de civiles de todo el conflicto. Allí se puede contemplar un monumento a las 1.200 víctimas de la matanza con los nombre de los identificados, el patio de los inocentes, en memoria de los más de 200 niños que allí fueron asesinados y la tumba de la única superviviente de tal barbarie que murió hace ahora 4 años, Rufina Amaya.
Desde el 10 de Diciembre el batallón Atlacatl del ejército salvadoreño, a cargo del famoso Monterrosa, comenzó a reunir a la gente de las comunidades de alrededor en la de El Mozote con el pretexto de que esa era zona de guerrilleros y solo allí la población civil estaría a salvo. El día 11 interrogaron a todos y a la noche dieron el toque de queda con la advertencia de que dispararían contra cualquiera que vagara por la calle. El día 12 de Diciembre de 1981, si, no estamos hablando de la prehistoria, nuestro querido coronel Domingo Monterrosa, fiel a las técnicas del ejército de Tierra Arrasada, mandó ejecutar a todo el que allí se encontrara. Primero torturaron, mutilaron y fusilaron a los hombres, luego a las mujeres y por último a los niños, que ya habían visto todo, tirándolos por el aire hasta que caían sobre las bayonetas de los fusiles de asalto. ¿Qué cómo se los detalles? Por Rufina, que se salvó del tiro de gracia y pudo huir del lugar tras ver como mataban a su marido y 4 hijos. Durante 7 días vagó como alma en pena por las montañas escondiéndose de los militares hasta que se encontró con gente que la ayudará, pues durante los días siguientes a la masacre de El Mozote, las comunidades de los aledaños fueron también arrasadas. La quema de las poblaciones de los aledaños y los asesinatos de sus pobladores si están documentados gráficamente. A El Mozote nadie podía acercarse.
Desde ese día, Rufina Ayala, dedicó el resto de su vida a conseguir que este hecho se supiera difundiéndolo con todo detalle en todos los medios que quisieran escucharla y, hasta el día de su muerte, explicándolo en primera persona a todo el que quisiera acercarse al monumento de tan chiquito pueblo de las montañas del Norte de El Salvador. Que menos que hacerle un poco de eco.

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